Lo Que Madura Se Pudre

Sin lugar a dudas, todos tenemos un pequeño Peter Pan dentro y pretender erradicarlo totalmente sería algo bastante demencial; pero éste lado infantil no puede impedirnos crecer, asumir la responsabilidad por nuestras decisiones y continuar el camino hacia la adultez.

Cierto día estaba hojeando mi álbum de fotos, si ese álbum tamaño jumbo con unas imágenes plasmadas en un papelito llamado Kodak (esto a manera de aclaración para las nuevas generaciones que probablemente ya se descontextualizaron, gracias señor Gates por el visualizador de imágenes); en fin, después de unos minutos hojeando sentí una emoción llamada nostalgia. Al recordar esa época de “desprecuacion”, donde lo que importaba, lo más importante y la única preocupación que existía era jugar, estudiar y pasar el año.

Pensé en los buenos momentos que tuve en mi niñez, los amigos con quienes compartir la ilusión de la navidad y uno que otro vidrio roto en esos momentos de sano esparcimiento. Pero como todo tiene su final como dice la canción, llegamos a una época crítica de la vida de cualquier ser humano.

Nos sale pelo donde no lo había, las hormonas hacen de las suyas y comienzan las primeras experiencias alcohólico – afectivas, es esa época conflictiva donde no se sabe que somos, no somos niños pero tampoco somos adultos; pero aun así seguimos sin preocuparnos por las cosas triviales de la vida, aun es importante es pasar el año porque esta es frase de cabecera de papá “el estudio es lo único que le quedara en la vida”. Es en este momento clave de la vida de cualquier ser humano sea hombre o mujer que empezamos a ver que las cosas sencillas que ofrece el mundo se convierten en cosas sin importancia y empezamos a entender que el mundo funciona de determinada manera.

Cierto día estaba en una juguetería observando los anaqueles y para mi sorpresa era el único adulto observando con gusto las novedades de Bandai, Mattel y no se cuantas fabricas existan de juguetes en el mundo, los demás adultos que estaban ahí eran solo eso; adultos. A que voy con esto, al estar en esa juguetería reflexione mucho sobre algo que algunos muchas veces olvidamos, y es que alguna vez fuimos niños, nos asombrábamos con un globo, el parque era el punto de encuentro, y nuestra imaginación era capaz de inventar historias en cuestión de segundos (los que hayan visto Toy Story 3 me entenderán) pero ha medida que pasaba el tiempo y uno interactuaba con su niño interior había alguien que llegaba y te decía con cierto tono de prepotencia. “maduré”.

¿Maduré?, ¿para qué? ¿Para pensar en como joder al otro?, ¿o para ver como me vuelo el semáforo sin que el policía se de cuenta? Con el tiempo esa expresión fue perdiendo valor para mi, porque lo que madura se pudre, aun con mis 28 años seguí interactuando con ese niño interior que aún quiere creer que todo puede ser mejor, que las cosas simples son las mejores, que un juguete así solo sea para tenerlo en un repisa nos recuerda que no hemos perdido la capacidad de maravillarnos.

Así que piense muy bien cuando le diga a alguien “Madure” por que lo más probable es que usted ya se pudrió.

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Publicado el marzo 8, 2011 en Actualidad y etiquetado en , , , . Guarda el enlace permanente. Deja un comentario.

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